Un viaje
Ha sido una semana extraña. Basta decir que, he aprobado ramos de la forma más bizarra jamás conocida (como jugar al papel o tijeras, o al cara y sello -y fallar 7 intentos-). En realidad, más allá de mis calificaciones académicas, lo que me ha tenido pensando consecutivamente en una conclusión, fue mi capacidad de reencontrarme con pequeños y antiguos objetos, melodías y humor. Desde que ando por la vida como un ‘gil’ sin saber donde morir, siempre me he dado cuenta de la capacidad regenerativa que tengo, y por sobre todo en este tiempo, de mi propia capacidad de crecer. Nunca había pensado de lo gigantesco que son los pasos –que doy- hacia mi madurez, y todo gracias al 2008. El año pasado, me cuestionaba todo y sentía que estaba todavía chocando con la misma muralla. Ahora siento que avanzo a un paso muy rápido –demasiado-, pero siempre consciente. Que el dolor y la pena, eran un bien necesario para crecer, fortalecerse como persona. Cuando en la vida, no todo es cuestionamiento y filosofía, nace la capacidad de darle nuestra propia solución a los detalles de la vida que siempre nos aquejan, no sé si a tiempo, pero me adelanto a afirmarlo: Era ahora o nunca.
Ahora se preguntarán, que tiene que ver el reencuentro con la madurez que estoy llevando a cabo. Simple: Cuando uno se da cuenta cómo pasa el tiempo -tal como yo- y ve que las cosas que uno hacía, escuchaba, pensaba y más aún, sentía; al volverse a encontrar con ella existe una especie de esencia que te rodea y te muestra que tan inferior era tu forma de ser en ese entonces. No eras capaz de dimensionar, en aquella primera vez de analizarte un poco y concluir ‘objetivamente’ de lo que sentías o pensabas. Eras tan sólo un pequeño chiquillo, inmaduro, rebelde, que creías que ya sabías todo y que era absoluto e inmutable. Mi madurez en otras palabras, es mi propia capacidad de romper mis propios –cada vez más eclécticos- esquemas, sin olvidar el significado antiguo de los recuerdos, sino que simplemente afinarlos, darle un detalle, particular, propio y bello. Es como ir más allá, pero hacia adentro… vale decir, ir más hacia adentro… suena raro, pero así es. Y no han pasado 10 años, sólo 5 años. En 5 años, he visto como estos ‘objetos’ -que cada cierto tiempo hacen su espacio dentro de mi mente para mostrarme, cuanto he cambiado- aparecen y reaparecen en mi vida, como ciclos de estación. Cuando creía que algo se olvidaba, aparece, lo contemplo y digo: “wow… que hermoso poder reencontrarme”.
Luego de mi análisis, me atrevo de decir que mi capacidad de reencontrarme es legendaria. En cada cosa que hago, pienso y expreso, hay una leve esencia de mí que nunca se va lejos, y que cuando vuelve, se hace más fuerte e intenso. Cura mis viejas heridas, alimenta mi espíritu y calma mi impaciencia. Y esta es la ciencia de mi vida, es mi mayor secreto, mi más desarrollada técnica. Y este fenómeno, es probablemente el más hermoso de mi Ser.
—————————————————–
Un recuento bitacoroso:
-Aprobé 3 ramos, faltando solo 2 (y uno debería resolverse hoy).
-Me dediqué a escuchar metal.
-Estuve pensando en un poema, una idea invisible en mi mente en forma de agradecimiento hacia alguien unknow yet.
-Volvi a jugar WoW.
